La energía eléctrica se manifiesta como corriente eléctrica, es decir, como el movimiento de cargas eléctricas negativas, o electrones, a través de un cable conductor metálico como consecuencia de la diferencia de potencial que un generador esté aplicando en sus extremos.
Cada vez que se acciona un
interruptor, se cierra un circuito eléctrico y
se genera el movimiento de electrones a través del cable conductor. Las cargas
que se desplazan forman parte de los átomos de la sustancia del cable, que
suele ser metálica, ya que los metales —al
disponer de mayor cantidad de electrones libres que otras sustancias— son los
mejores conductores de la electricidad. La mayor parte de la energía eléctrica
que se consume en la vida diaria proviene de la red eléctrica a través de las tomas llamadas enchufes, a través de los que llega la energía
suministrada por las compañías eléctricas a los distintos aparatos eléctricos
—lavadora, radio, televisor, etc.— que se desea utilizar, mediante las
correspondientes transformaciones; por ejemplo, cuando la energía eléctrica
llega a una enceradora, se convierte en energía mecánica, calórica y en algunos
casos lumínica, gracias al motor eléctrico y
a las distintas piezas mecánicas de los aparatos

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